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He luchado, he luchado contra un TCA, contra una “vocecita”, contra un ruido. #COMPARTEIXLATEVAHISTORIA

Cuando paro y pienso que ha sido para mí este proceso no me salen las palabras, engloba tantas cosas. He luchado, he luchado contra un TCA, contra una “vocecita”, contra un ruido. Un ruido que al principio ni yo misma era consciente. “No me pasa nada, estoy bien” yo decía, pero la verdad es que había dejado de comer todo lo que me apetecía, cada vez que era
la hora de comer o cenar se me hacía un mundo y no podía mirar -me el espejo del rechazo que sentía hacia mi cuerpo. Vaya, mi vida giraba alrededor del cuerpo y comida.

Me adelgazar, tenía alimentos prohibidos y evitaba toda clase de situaciones relacionadas con este aspecto. Ya no podía más y decidí pedir ayuda (una de las mejores decisiones que he tomado a lo largo de mi vida). Al comenzar el tratamiento no lo parecía pero tenía miedo. Un miedo que, junto con todas las cosas que pasaban en mi vida y que impactaban en mí, se había escondido detrás del cuerpo y de la comida. Sí, escondido: cada vez que me veía gorda o que me costaba comerme unas gafas de chocolate era porque había algo dentro de mí que no sabía manejar y que me estaba haciendo daño. Me di cuenta que mi preocupación diaria por el cuerpo y la comida era una manera de huir, de no afrontar ni oír todo lo que me pasaba realmente. Mis amigos y mi familia no me conocían, pero es que yo tampoco. Estaba perdida.Al empezar a hablar de cómo me costaba comerme una galleta acabé hablando de mi miedo a la soledad.

Y es que, la comida y el cuerpo es sólo lo visible, la punta del iceberg, pero la parte que no se ve, todo lo que hay detrás, hace muy mal.

Poco a poco, con la ayuda de un grupo de personas que estaban como yo y terapeutas, fui mirando cada parte de este iceberg y lo fui descubriendo. He conectado con cosas que me han hecho daño pero he aprendido a abrazarlas y mirarlas de otra manera, de una forma más cuidadosa y sobre todo con mucha más estima. “Vuelves a ser tú María, has recuperado la luz que hacía tiempo que no vemos”, recuerdo que es una de las cosas que mi madre me dijo.

Mis relaciones han cambiado, ahora disfruto de la comida, disfruto de vestirme con lo que me gusta y sobre todo, disfruto de mi vida. He crecido y ahora confío en mí. Ha sido un proceso duro tanto para mí como para mi entorno, con momentos altos y bajos, pero necesarios para poder levantarme con mucha más fuerza y ​​poder decir que sí, que he superado un trastorno de conducta alimentaria.

Maria